Por Katia D' Artigues
Con los papás de la Guardería ABC, lo confieso, no puedo ser objetiva. Es más, no quiero. La lucha de estos padres por buscar justicia para sus hijos, para lograr que nunca más vuelva a suceder una tragedia como que les toco vivir a 49 familias que perdieron un hijo, me sobrepasa, me conmueve.
Particularmente tengo debilidad por este padre que entrevistamos ahora en Katia 360: Julio César Márquez, el papa de Yeyé, quien tendría, si viviera, la edad de mi hijo Alan. Conocí a Julio César y a su esposa, Estela, así como a otros papás y mamás que después articularían el Movimiento 5 de junio, apenas a un mes de la más grande tragedia infantil de México y ya estaban dispuestos a luchar con todo, pese a su enorme dolor.
Durante estos años he visto a Julio César volverse un activista. Lo mismo en la calle que en reuniones con otros padres; con políticos; en mesas de cabildeo con legisladores, en la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Lo he visto luchar por pagar las cuentas de su celular con el que aprendió a tuitear para no dejar que la muerte de Yeyé, y otros 48 niños y niñas, quede en el olvido. Lo he seguido en Twitter insomne, recordando con abrumadores detalles ese fatal día del 5 de junio de 2009. Lo he visto sumarse a otros movimientos de víctimas como él. Y el mismo día de la entrevista lo acababa de ver en Ciudad Universitaria, ví como se conmovió al recibir un grito-caricia de unos 4 mil jóvenes reunidos en la primer Asamblea Inter-universitaria del Movimiento #Yosoy132: “No están solos/ no están solos”.
A la par de lo público, también he sido testigo de las duras pruebas que le ha puesto la vida en estos últimos años, ¡además de perder a su hijo! Me refiero sobre todo, a la lucha que ha dado por y junto a Estela, quien ha pasado por muy profundas depresiones que la han llevado a estar internada varias veces y lejos de su familia, mientras Julio César asume el doble rol de padre y madre con sus otros dos hijos.
Pero nunca lo había visto llorar como hoy durante esta charla. No había visto nunca que se le quebrara la voz a tal grado que no pudiera ni hablar. Y todo lo detonó la pregunta sobre si ha tenido tiempo para hacer duelo por la muerte de Yeyé. Es claro que no, ese tiempo no se lo ha dado, no se lo ha podido dar.
Aun así, limpia sus lágrimas, nos damos un abrazo y el sigue, siempre sigue.... Dice que se considera un hombre débil, pero, uff, quien tuviera su valor...
Todos en el equipo nos quedamos con el corazón apachurrado. No pude grabar la salida, invitándolos a que nos conectemos en Twitter tras ver esta entrega. No pude. Salimos en silencio y nos volvimos a abrazar. También hice lo mismo con Abraham Fraijo, el papa de Emilia, quien murió el mismo día que Yeyé… en silencio.
Hay momentos, como este, en el que el dolor se hace tan presente que cualquier palabra está de más y lo único que queda es abrazar al otro fuerte.
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